Y es tan fácil olvidar lo imposible de Barbarie que después de un corto o largo viaje llegas a recuperar tu capacidad de impresión que ya te había robado. Barbarie tiene esa virtud.
Fueron dos días en Barbarie y ya siento ganas de huir. Pero los vuelos están casi llenos, no hay tiempo para planificarlo. Tiene que ser ya.
Estoy lista, llevo dos maletas, una de ellas vacía... cosas del consumismo. Tengo una hora y media para tomar un taxi y encontrarme con otro prófugo. Aunque les miento ninguno quiere llevarme, huelen el miedo del encierro; ellos también lo tienen aunque nunca hayan salido de Barbarie.
Pero la fe es una vaina muy arrecha carajo! Y finalmente apareció mi salvador en moto y con un cartel improvisado de taxi. Eso es algo que sólo he visto en Barbarie: un Bólido de dos ruedas esquivando cualquier cosa que se interponga entre él y su destino.
Me quedan veinticinco minutos. No tengo tiempo de pensar en los innumerables peligros que me acosan montada en una moto en Barbarie: de manera que abandono la maleta inútil, me convierto en ekeko paraguayo y me aferro al desconocido, quien parece ser el único al que no le importa que me esté escapando de Barbarie.
Sex Pistols nunca tuvo una visión de la anarquía como la tiene Barbarie. Mad Max es una mueca ridícula. Barbarie lo permite todo. Puedo hacer lo que me de la gana... y eso no está tan mal, el problema es que el resto de los seis millones también puede hacerlo.
Mi salvador motorizado sortea toda clase de obstáculos: maneja sobre las aceras tocando corneta a los peatones, maneja en contravía esperando que los carros se aparten, pasa a través de autolavados, plazas y terrenos valdíos con tal de evitar este puto tráfico infernal (Y juro que ésta no es la parte de la historia que inventé).
Me siento como en un capítulo (de los buenos) de RealTV, me imagino que hay un helicóptero encima de nosotros esperando a que cometamos el primer error... pero para atracarnos y quitarnos la maleta (deben pensar que es de Coca).
Sí, seguro que en Barbarie ya los malandros tienen helicóptero. No tengo duda.
Esta vez la anarquía de Barbarie está de mi lado. Llego a tiempo a la cita con mi compañero escapista. Éste tiene algo en particular: entra y sale de Barbarie cuantas veces quiere. Es inmune a la gravedad exponencial de su campo magnético. Quiero ser como él y no sentir que huyo de, sino que visito a Barbarie.
No soy la única, en el aeropuerto miles hacen la cola para huir de Barbarie. Y es que a pesar de la anarquía, los barbareños han sido adiestrados como perros para hacer colas kilométricas. La técnica de entrenamiento fue la de Pavlov. Cualquiera que vea una cola de más de diez personas empieza a babear y no aguanta la tentación de pararse al final.
El adiestramiento empieza temprano, en el jardín de infancia, en donde vas a todos lados oliéndole el culo a uno más pequeño que tú... y durante toda tu edad escolar se repite. Catorce años de adiestramiento son suficientes para que más tarde no sea más que un reflejo: tres horas de cola para comprar la leche, cuatro para llegar a casa si llueve, ocho para votar en contra del Mr. Barbarie, tres días para tener pasaporte y poder finalmente huir de Barbarie... y todo para qué... para terminar con seis horas más de cola en el check in, migración, aduana y abordaje y de nuevo desabordaje, migración y aduana, no sé siquiera en donde, pero al menos no en Barbarie.

