Qué pálido mundo sin escamas
pura cáscara de cal
no existe ya recinto en donde el alma derrame
qué ausencia de gozo y mal sabor
qué presencia de nada
como comer aire como soplar barro
como juntar besos en un cofre de cristal
no existe aliento con sabor a vida masticada
pura menta fresca
no es ni un disfraz de simulacro.
Si al menos los pasos me hicieran sangrar los pies
en vez de sacarme callos
se sentiría verdadero.
Si al menos esta poeta pródiga no recurriera a sus antiguas palabras
para sentirse.
overexposed
martes, 8 de febrero de 2011
lunes, 21 de junio de 2010
miau y su bollito de lana
Mi gato siempre encuentra la manera de alcanzar la bola de lana. Se la lleva en la boca, me gruñe declarando su posesión y empieza a desenrollarla dejando los hilos enredados y atravesados por toda la casa, cual tela de araña de colores.
Hay días que su actividad compulsiva acaba con mi autocontrol y lo persigo sin lograr quitarle la bola, hay veces que me conmueve y lo dejo jugar… cctividad inútil que siempre va acompañada de una más inútil aún…
En algún momento del día o de la semana, ese momento en el que ya es imposible soportar los obstáculos de lana esparcidos por toda la casa, paro lo que estoy haciendo, por más apremiante que sea, y empiezo a enrollar de nuevo el hilo para formar el bollo de lana de donde todo partió.
¿Hay alguna cosa más hermosa e inútil que continuar el ciclo de enrollar y desenrollar el bollo de lana? En ese momento, obviamente no… Un momento en el que me todo desaparece y sólo me concentro en el tonto movimiento circular, en la suave textura, en el pálido color… el sublime momento del todo y la nada, la experimentación más verdadera del vaivén, el encuentro supremo con el motivo de Penelopea, la compresión de la historia total del universo enredándose en mis dedos.
domingo, 21 de febrero de 2010
esfinge
La estatua llora impasible en su pose,
musa inspirada vuelve a despertar.
Pintor de roca esculpida
no captas el alma de un vientre sereno
hasta que sus ojos se hidraten de mar.
La esfinge no puede parar de llorar,
endurece su tez, pero abre las puertas hacia otro lugar
profundo, en tinieblas, no tiene un sendero
Sólo un creador ciego podría llegar
- ¿Es largo el camino?
Pregunta el artista
- No existe el regreso
Responde la musa.
- ¿Será doloroso?
El cuarzo no siente
- ¿Por qué entonces lloras?
Lloro por ti
Yo soy el espejo que usas
para pintar tu vida en el lienzo.
Bosquejas mi rostro amatista
dulce y severo
aclaras sus sombras, aplacas sus dudas
Mas no secas las lagrimas
Que, como un milagro, brotan sin cesar.
lunes, 28 de septiembre de 2009
Reflexiones de una Cuaima Soltera en Buenos Aires

En Argentina, el eterno juego del gato y el ratón entre hombres y mujeres se intensifica. Es cierto que en el mundo entero hay una morbosas neurosis asociada a las palabras "no" y "quizá", pero lo que aquí pasa podría degenerar en una crisis nacional de procreación sin precedentes.
Los hombres argentinos no dejan de quejarse de que sus mujeres son histéricas (igual se quejan por todo). Después de muchas encuestas y estudios de observación logré descifrar que a esta enfermedad -o cualidad- la definen como la compulsividad reiterada de decir "no" cuando se quiere decir "si".
Las caribeñas no tenemos esa virtud (ahora la considero así por la cantidad de situaciones erráticas que hemos experimentado con los hombres argentinos). Tenemos otros detalles, como no; podemos ser unas celosas desmedidas (no es mi caso), apasionadas y ardientes al extremo, y unas controladoras dominantes a veces insoportables. Todas estas características las conglomeraron en un concepto bastante acertado: La Cuaima, una serpiente ágil, venenosa y claro, muy peligrosa.
Pero hay algo de lo que nos podemos jactar: en la escuela nos enseñaron muy bien el significado de las palabras; sí es sí, no es no, quizá es más sí que no. Además nos enseñaron que era lindo expresar nuestras emociones... aunque también a decir "mentiritas blancas", aunque no venga al caso en este aparte.
Nuestro problema (cuaimas, corríjanme si me equivoco) es el siguiente: los hombres argentinos se acercan a nosotras las caribeñas quejándose de las mujeres porteñas porque siempre dicen que no, de repente que sí y luego que no, más tarde tal vez y finalmente sí... pero no. Entiendo que cualquiera se moleste por tamaña confusión. Y nosotras, felices, llegamos a pensar que siendo claras y cariñosas los íbamos a volver locos a todos y los íbamos a tener comiendo de nuestra mano (como nos gusta)... ¡pero no!
La reacción del macho promedio pampeano es francamente desconcertante. Practica la disciplina del "tira y encoje" como un verdadero veterano desde los 21 y definitivamente una nunca tiene la menor idea del suelo donde está pisando.
Es cierto que nosotras las caribeñas (adiestradas por una sociedad ultraconservadora) necesitamos un poco más de tiempo y mimos, pero una vez que decimos que sí... es sí. En un segundo encuentro cualquier hombre se da cuenta de esto, sea de la Patagonia o de las estepas mongolas.
Pues un segundo sí, parece ser para el argentino (al menos para los recogidos en el estudio entre la experiencia propia y la de las compatriotas encuestadas) un insulto para su capacidad de cortejo. ¿O será que piensan que nuestro "sí" inesperado significa un "no" tratando de conseguirle una coherencia más adherida a su gramática histérica?
El resultado lamentable (para nosotras las caribeñas que nos encanta amar y ser amadas, dormir empiernadas y pasar días enteros entregadas al éxtasis de un novio de tres semanas) es un número importante de divinas latinas mal atendidas, solas y/o brinconas pica flor.
Pues imagínense, con tamaña incomunicación ¿qué hombre va a ser capaz de satisfacer a una mujer en apenas un polvo?... Si no es capaz de distinguir entre un "sí" y un "no", menos será de preguntarle algo tan básico como: "mamita, cómo te gusta".
Y si, sumado a esto, la mayoría de las relaciones no pasan de la segunda cita, o están espaciadas por una cita cada tres semanas... no tengo ni un atisbo de sospecha de cómo las parejas porteñas pasan del "histeriqueo mutuo" al disfrute pleno de una relación hombre/mujer en cualquiera de sus versiones.
Todo lo descrito anteriormente sólo me hace sentir feliz de una sola cosa: de que el venezolanito que más me gusta esté a punto de llegar para volver a quejarme de lo mentirosos, calienta orejas, infieles, machistas y extremistas que son los hombres caribeños.
¡Mejor malo conocido que bueno por conocer!
Boilà!
domingo, 6 de septiembre de 2009
Las maravillosas conversas de msn
mau dice: (03:48:21 p.m.)
epale
Martín dice: (03:48:43 p.m.)
Yújule, ¿cómo estás?
mau dice: (03:48:50 p.m.)
q mas?
Martín dice: (03:49:19 p.m.)
Fino ¿y tú?, aquí arreglando fotitos, para variar.
mau dice: (03:49:50 p.m.)
eheheh
mau dice: (03:49:51 p.m.)
bien
mau dice: (03:50:03 p.m.)
mira, sabes que Pat dejó un regalo de Irene para Charlie
mau dice: (03:50:14 p.m.)
y ella me dijo que tu conocias a un tal Palito algo q es dnd está Charlie
Martín dice: (03:50:57 p.m.)
Palito Ortega, pero no lo conozco.
Martín dice: (03:51:14 p.m.)
¿Ya se fué Pat?
mau dice: (03:51:26 p.m.)
si
mau dice: (03:51:28 p.m.)
el martes
Martín dice: (03:53:37 p.m.)
¿Qué es el regalo? Irene inventa más.
mau dice: (03:53:54 p.m.)
no sé, una vaina de esas que hace ella con basura, arte!
Martín dice: (03:54:01 p.m.)
jajajaja
Martín dice: (03:55:31 p.m.)
A mi me da pena ir a casa de Palito a entregar ese regalo, además ni se dónde vive.
mau dice: (03:55:35 p.m.)
creo q voy a utilizar el papel aluminio para envolver unos platanos y meterlos al horno
Martín dice: (03:55:59 p.m.)
jajajaja
domingo, 21 de diciembre de 2008
Cómo salir de Barbarie en Moto Taxi
Los que viven conmigo en el Puerto no creen lo insólito de Barbarie. De hecho piensan que queda allí mismo, a las orillas del Río más ancho del mundo... no saben lo que dicen.
Y es tan fácil olvidar lo imposible de Barbarie que después de un corto o largo viaje llegas a recuperar tu capacidad de impresión que ya te había robado. Barbarie tiene esa virtud.
Fueron dos días en Barbarie y ya siento ganas de huir. Pero los vuelos están casi llenos, no hay tiempo para planificarlo. Tiene que ser ya.
Estoy lista, llevo dos maletas, una de ellas vacía... cosas del consumismo. Tengo una hora y media para tomar un taxi y encontrarme con otro prófugo. Aunque les miento ninguno quiere llevarme, huelen el miedo del encierro; ellos también lo tienen aunque nunca hayan salido de Barbarie.
Pero la fe es una vaina muy arrecha carajo! Y finalmente apareció mi salvador en moto y con un cartel improvisado de taxi. Eso es algo que sólo he visto en Barbarie: un Bólido de dos ruedas esquivando cualquier cosa que se interponga entre él y su destino.
Me quedan veinticinco minutos. No tengo tiempo de pensar en los innumerables peligros que me acosan montada en una moto en Barbarie: de manera que abandono la maleta inútil, me convierto en ekeko paraguayo y me aferro al desconocido, quien parece ser el único al que no le importa que me esté escapando de Barbarie.
Sex Pistols nunca tuvo una visión de la anarquía como la tiene Barbarie. Mad Max es una mueca ridícula. Barbarie lo permite todo. Puedo hacer lo que me de la gana... y eso no está tan mal, el problema es que el resto de los seis millones también puede hacerlo.
Mi salvador motorizado sortea toda clase de obstáculos: maneja sobre las aceras tocando corneta a los peatones, maneja en contravía esperando que los carros se aparten, pasa a través de autolavados, plazas y terrenos valdíos con tal de evitar este puto tráfico infernal (Y juro que ésta no es la parte de la historia que inventé).
Me siento como en un capítulo (de los buenos) de RealTV, me imagino que hay un helicóptero encima de nosotros esperando a que cometamos el primer error... pero para atracarnos y quitarnos la maleta (deben pensar que es de Coca).
Sí, seguro que en Barbarie ya los malandros tienen helicóptero. No tengo duda.
Esta vez la anarquía de Barbarie está de mi lado. Llego a tiempo a la cita con mi compañero escapista. Éste tiene algo en particular: entra y sale de Barbarie cuantas veces quiere. Es inmune a la gravedad exponencial de su campo magnético. Quiero ser como él y no sentir que huyo de, sino que visito a Barbarie.
No soy la única, en el aeropuerto miles hacen la cola para huir de Barbarie. Y es que a pesar de la anarquía, los barbareños han sido adiestrados como perros para hacer colas kilométricas. La técnica de entrenamiento fue la de Pavlov. Cualquiera que vea una cola de más de diez personas empieza a babear y no aguanta la tentación de pararse al final.
El adiestramiento empieza temprano, en el jardín de infancia, en donde vas a todos lados oliéndole el culo a uno más pequeño que tú... y durante toda tu edad escolar se repite. Catorce años de adiestramiento son suficientes para que más tarde no sea más que un reflejo: tres horas de cola para comprar la leche, cuatro para llegar a casa si llueve, ocho para votar en contra del Mr. Barbarie, tres días para tener pasaporte y poder finalmente huir de Barbarie... y todo para qué... para terminar con seis horas más de cola en el check in, migración, aduana y abordaje y de nuevo desabordaje, migración y aduana, no sé siquiera en donde, pero al menos no en Barbarie.
Etiquetas:
barbarie,
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jueves, 5 de junio de 2008
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